Dioses oscuros – El pequeño Guinness

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Renegrido paticorto y albino, ¿en que momento alguien, algún injusto Dios descerebrado, decidió crear un albino negro y enano de ojos nacarados? Putos dioses, que sentido del humor más cabrón tienen. Lo malo es que la broma la sufro yo a diario. Guinness me llaman, pelo blanco y rizado sobre enano negro, ¡Que graciosos son todos ellos! Los altivos vecinos blancos con sus largas piernas que les llevan a trancos de aquí para allá, su grácil figura y espigados cuerpos. Me meo de risa con sus burlas y chascarrillos.

Hoy será el último día que tenga que soportarles, mi tiempo aquí ha terminado. Al hacer el equipaje me di cuenta de lo poco que ocupa mi vida. Un triste zurrón con cuatro prendas raídas, un odre de cerveza y mi hacha. Veinticuatro años de vida a ras de suelo y esto es todo lo que tengo, para ellos, esto es lo que soy, una pinta de Guinness con patas sin amigos ni familia.

He pasado la noche a la orilla del lago tirando piedras planas que chocan una y otra vez contra la superficie, saltando, intentando entrar en el agua hasta conseguirlo. Es una perfecta analogía a mi vida, chocando una y otra vez contra esta sociedad que me rechaza, intentando formar parte de ellos y siendo expulsado una y otra vez para volver a caer plano contra la superficie, perdiendo fuerza en cada golpe hasta que consiga hundirme. Quiero entender que no es este el sitio adecuado o no estoy suficientemente agotado todavía, que tendré que chocar algunas veces mas antes de encontrar ese lugar donde me cubra el agua y descienda con un baile lento, caótico y bamboleante para formar definitivamente parte del fondo.

Cuando era niño me afectaba mucho más, ocupaba muchas noches este lugar donde estoy ahora, sentado en el frio suelo frente al agua teñida de luna, con lágrimas en los ojos y una pregunta en los labios ¿Por qué?. Ahora ya sé la respuesta, simple y llanamente por que soy diferente y más débil. Solo por eso, porque pueden y no les cuesta nada, no hay daño colateral para ellos a cambio de mi dolor. Hieren y olvidan.

Comienzo a andar, retomo una vez más el camino mil veces transitado, el que me ha llevado día tras día a los campos donde he trabajado desde niño, “una mano pequeña, una moneda pequeña”, un mantra aprendido y canturreado con malicia por el terrateniente, una gracia más, cada día de paga. Da igual que haya trabajado como los demás, “una mano pequeña, una moneda pequeña”, siempre he cobrado menos por mi sudor.

A pesar de no dejar nada importante atrás no puedo evitar echar una última mirada a mi mundo desde lo alto de la colina. Siempre me ha gustado esta vista, el verde prado que se extiende hasta el bosque, las casas de pizarra negra, la laguna de azul intenso reflejando las montañas y el cielo. Siento el corazón roto, pero no por dejar mi hogar, sino por sentir que este sitio nunca lo ha sido. Escucho un zumbido a mi espalda, un sonido similar al momento en que la onda suelta la piedra y esta atraviesa el aire siseante. Miro al cielo de donde proviene el sonido y veo una estela roja sobre el cielo azul. Un tajo que abre una herida tremenda de la que mana fuego y humo. El proyectil viene directo hacia mi, el terror me paraliza, tampoco importa, aunque corra no puedo huir del destino que me aguarde.

Cierro los ojos y espero el impacto.

Una ola caliente pasa sobre mi cabeza arrojándome al suelo con violencia, despues el estruendo. El impacto ha sido tremendo, abajo en el valle el pueblo ha desaparecido, donde antes había casas y calles ahora solo hay un gran cráter y una brecha que se extiende durante kilómetros. Está claro que escogí el mejor momento para dar dar el salto sobre la superficie del agua.

Autor: Ignacio Chavarría

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Ignacio Chavarria

3 comentarios en “Dioses oscuros – El pequeño Guinness”

  1. Y saltó.
    Es una maravilla de relato.
    Me pregunto qué había al otro lado del agua centelleante por el impacto (la ilusa xd). Pero claro. Cuál es el hogar perfecto para un ser de belleza incorrecta en un mundo repulsivamente correcto. Algo en mí se niega a aceptar la presunta simpleza de un cadáver y ya.
    Gracias, Nacho.

  2. Pues creo que lo importante está ya en su destino, todo lo que queda detrás es una onda en el agua que ha destruido el pasado desde su último salto. 🙂 Si, el nombre le venía al pelo jajajaja. Hay otro personaje todavía rondando por ahí que en algún momento presentaré. Esto va cómo las piedras de Guinness a saltos, de vez en cuando me llega la musa y me va contando la historia.

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