Dioses oscuros – La boca del Orco – Gwen

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Entro en la cueva con el sabor de Adrián en los labios y su cándida alma mortal en mi corazón donde acompañará a Paolo, el pequeño grumete de la Hija del Viento, y tantos otros que me amaron antes que él.

El aire en el interior de la cueva está enrarecido, es mucho más caliente, húmedo y denso, cargado de azufre y gases tóxicos que emanan de las profundidades y que ningún humano podría soportar. El hediondo aliento del orco. Respiro una larga bocanada llenando mis pulmones de recuerdos de esa niñez que nunca fue, recuerdos de un lejano hogar que no tuve. Nada, excepto un durmiente, puede sobrevivir aquí. Bueno, un durmiente y Nexo. No es normal que nos reclamen, no percibo a los demás así que imagino que soy la primera en llegar. Hace miles de años que no coincidimos, que no somos invocados, debe ser algo grave, aunque esperado. Siempre, desde que habito este mundo, he supuesto que este momento llegaría. La última vez fue una simple advertencia, esta supongo que será definitivo.

Recorro pasajes donde nunca estuve, pero que conozco de memoria hasta que frente a mi aparece el habitáculo. Se que debo esperar, de cualquier forma no podré entrar mientras Nexo no me trasmita la impronta, entonces me será desvelado el motivo.

El habitáculo es una pequeña cavidad luminiscente a la que se puede llegar desde infinitos lugares y tiempos, dentro habita el guardián, Nexo. En el centro de la cavidad puedo ver una piedra plana con forma de altar en la que descansa un pequeño bebé humano de no más de 2 ó 3 meses.

En el habitáculo el tiempo no existe, o existen todos los tiempos a la vez, yo entraré con mi tiempo y sé que si salgo antes de que se cumpla el plazo mantendré un solo cronohilo. Para Nexo no es tan fácil, él vive a la vez todos y cada uno de los cronohilos que convergen en este mundo. En este momento que espero la impronta Nexo vive su estado de dos meses, puede que cuando entre encuentre un anciano, un joven o ambos a la vez, depende de la intersección de mi cronohilo con los suyos en ese momento y del espacio que ocupemos ambos en el habitáculo.

Noto como la impronta penetra en mi, entiendo y comprendo el porque y la misión para la que me desperté y Nexo me permite pasar.

Cuando supero el umbral Nexo comienza a vibrar, cada paso que doy desplaza mi cronohilo por el habitáculo y converge con otros a los que está conectado Nexo haciendo que este cambie de forma y edad. Llego a la piedra de la muerte, la mía, es curioso cómo los humanos transmiten en sus creencias religiosas verdades que no conocen y de las que no tienen certeza alguna. Los cuatro jinetes del apocalipsis, la peste, la hambruna, la guerra y yo, la muerte representados en sus religiones y transmitidos generación a generación como aviso de lo que puede llegar, de lo que va a llegar.

Ocupo mi sitio en la piedra cubierta por la piel de un potro bayo, me tumbo y noto cómo el habitáculo me libera de mi envoltorio humano con fuego purificador. Solo queda esperar que lleguen los demás.

Autor: Ignacio Chavarría

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