Bosque urbano con árboles caídos y una figura humana escuchando en silencio
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Existe la paradoja sobre si un árbol hace ruido al caer en un bosque donde no hay nadie que lo escuche. ¿Lo hace?

Digamos que el ruido es una percepción de un hecho. La caída del árbol existe, pero sus efectos no, si nadie los percibe. Vivimos en un mundo sin receptores: un mundo de solitarios, un mundo donde el ruido se diluye en la indiferencia.

Las ciudades son bosques desiertos donde el ruido del maltrato, del frío bajo unos cartones en un cajero, de la lluvia cayendo sobre alguien que llora, del dolor de un animal, del miedo de un emigrante o de la ira de un joven sin argumentos, suenan sin ser oídos.

Son señales de auxilio que se pierden en la profundidad del bosque; en la indiferencia del vecino que ignora los gritos, en las prisas del peatón que no escucha ni mira, del que no distingue las lágrimas en el rostro ajeno, del que no cree que algún día pueda ser él en un país extranjero, del que utiliza la bisoñez para sembrar el miedo.

Yo he salido del bosque. Desde la España vaciada, desde un pequeño pueblo, escucho los ruidos sordos de la lejana ciudad. Vivo en un bosque distinto, habitado, donde los árboles que caen suenan porque son escuchados, porque siempre hay alguien dispuesto a ayudar por si hay alguien debajo.

¿Y tú, escuchas los árboles caer?

 

Autor: Ignacio Chavarría

Sobre el autor

Ignacio Chavarria

Un comentario sobre “Árboles caidos”

  1. Soy previlegiado pues vivo rodeado de regalos de la madre natura…arbustos, árboles, plantas, flores, caminitos casi perdidos, montañas bajas y acogedoras, en fin…
    Es por ello que comprendo y aprecio tus líneas, querido poeta.
    Gracias por compartir tus sentimientos.
    Shalom javer

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