Una incomodidad que incomoda

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Si leo una vez más “una verdad incómoda”, creo que voy a vomitar. El mundo digital está infectado de clichés de la IA: verdades incómodas, ecos, espejos y reflejos. Resulta tan sofocante como beber arena en el desierto.

Entiendo que los generadores de contenido, esos buscadores de likes, clics y seguidores, utilicen la herramienta para bombardearnos con temas insulsos y mantener la cuota que les permite vivir de algo que no existe. Pero al menos les pediría que lean lo que les da ChatGPT o su amigo virtual de turno.

Es que ni siquiera saben lo que publican. Basta con decirle: “publica algo sobre la taza del váter” y darle al botón que creará un texto que, seguramente, comenzará así: “¿Quieres saber una verdad incómoda?”.

Lo incómodo es leeros, escucharos o incluso veros. Creo que sois el motivo por el que cada vez miro menos el móvil y, pensándolo bien, os lo debo agradecer.

Sois las mamachicho de las redes sociales, el ruido constante que taladra el cerebro. Seguid así, incomodando, siendo reflejo de vuestra mediocridad, espejo de vampiro, eco del silencio. Seguid así, encerrados en vuestro mundo de plástico sin sentido, basurero de mentiras y engaños. Seguid ahí, que yo tenga el botón para no teneros que ver.

 

Autor: Ignacio Chavarría

Sobre el autor

Ignacio Chavarria

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