Sin dolor no hay historia

Sin dolor no hay historia: escribir desde la herida
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No se puede escribir desde la felicidad. Yo no puedo escribir desde la felicidad. Desde allí no tengo nada que decir; es un estado de embriaguez, una droga que esconde, que matiza, que cubre con su velo color de rosa todo lo interesante.

Escribir es una sanación, una forma de soltar, de dejar ir, de gritar, de contar lo que no es fácil, una forma de vivir. ¿Qué interés tiene contar la llanura, el páramo de una vida feliz? Tal vez consigas, tirando de mucha metáfora pasada de moda y algo de miel, tragar esa píldora, pero desde luego no dejará poso, no curará tus heridas.

Para escribir es necesario enfrentar el dolor, la angustia, el sufrimiento. Yo necesito dolor, angustia y sufrimiento; necesito sacar esa historia que remueve mis entrañas y vomitarla en las hojas que estás leyendo, que ensucie tus manos, que licue tus ojos, que arañe tu alma. Si no, ¿qué coño estoy contando? ¿Que los pájaros cantan y las nubes se levantan?

Escuché hace poco una frase, no sé de quién es; suelo quedarme en mi mente atormentada con las frases y no con las personas. Decía más o menos que no hay finales felices; o son felices o son finales. Yo prefiero los finales; demuestran que hubo tormenta, que saltaron chispas, que pasó algo interesante, tan interesante que se autodestruyó. Porque la eternidad es una utopía, ya que lo bueno hay que desgastarlo, usarlo, romperlo si es necesario. No soporto los plastiquitos protectores, los cubrecosas, los nomemanches, los nometoques; pienso que evitan que disfrutes de verdad de algo. Lo quieres proteger tanto que nunca sabrás de verdad lo que era de tanta protección que le pusiste. Si tienes algo que aprecias, úsalo mientras dure; haz que tenga un final digno y no que sucumba lánguidamente hasta que no pueda más y quede algo que nunca fue de verdad. Entonces tendrás una historia que contar, una historia que interese, que duela al ser contada y ampute la mediocridad al ser escuchada.

Así que cuando escribas, aráñate la cara, ábrete el pecho, sé gitano, rompe tu ropa, llora, grita, canta, muere en cada palabra que escribas, que el papel lo manche tu sangre. Será la única forma de que lo que escribes te importe.

 

Autor: Ignacio Chavarría

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Ignacio Chavarria

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