
¡Oportunidad para espíritu disoluto!
Si la moral convencional te aprieta y la rutina te asfixia, quizá este sea tu destino.
Buscamos a alguien audaz, sin ataduras y dispuesto a lo inesperado.
Requisitos: mente abierta, corazón valiente y una pizca de descaro.
Remuneración acorde a la entrega. Discreción garantizada.
Interesados, dejar mensaje bajo la luna nueva.
Todavía tengo legañas en los ojos y la boca pastosa por la juerga de anoche, he puesto café en la italiana y espero con ansia escuchar el borboteo. Mientras intento masticar un trozo de pizza que creo recordar es de hace un par de días, está chiclosa, pero no tiene moho, no está tan mal. En la pila se amontonan algunos platos sucios y sobre la mesa las botellas de cerveza y alguna pava de marihuana. En algún momento de la noche perdí la ropa y alguien se la habrá llevado porque no la encuentro por ningún lado y el apartamento es lo justo para llamarse así. He abierto el periódico al azar solo para darle tiempo al café y me he encontrado con este anuncio.
¡Oportunidad para espíritu disoluto!
¿Disoluto? lo tecleo en mi teléfono, ¿qué coño es disoluto? Entregado a los vicios; depravado, licencioso, crápula, libertino, disipado, vicioso, calavera, pendón, crapuloso, perdis. ¡Joder! ni hecho a medida, yo creo que cumplo de sobra, aunque no entiendo la mitad de las palabras. A ver si llego a tiempo, al último anuncio que vi llegué un mes tarde, claro que es normal porque estaba en el papel con el que me envolvieron las pechugas en la pollería. La cafetera borbotea, me pongo una buena cantidad en una taza no muy limpia que encuentro en el fregadero y me abraso los morros mientras voy a la habitación. Encuentro un vaquero y una camiseta más o menos decente, el vaquero me queda un poco grande, no es mío, y la camiseta sí, recuerdo haberla comprado en Amsterdam, la verdad, es lo único que recuerdo de Amsterdam. Me pongo bien de desodorante y colonia como para desinfectar Auschwitz espero que eso oculte el olor a bayeta de la ropa. A ver, ¿llaves, cartera, …? tengo todo, ¿dónde voy? … leo de nuevo el mensaje. Dejar mensaje bajo la luna nueva. ¿Esto que es, una gymkana? ¿Cómo esperan que una persona disoluta encuentre este sitio? Dejar mensaje dice. Tomo un bolígrafo y arranco el trozo del periódico donde aparece el anuncio y garabateo mi teléfono y mi nombre. Mi cabeza no está normalmente para acertijos, pero ahora me duele horrores y no hay ninguna cerveza en casa. Junto en un vaso, más o menos limpio, los culines de las botellas y consigo media pinta. Puede que el contenido de una de ellas no fuera cerveza, ¿tal vez agua con jabón?, joder, espero que no fuera meado de nadie, anoche el tigre estuvo muy concurrido con tanta agua de cebada. Me siento y tecleo en mi móvil; luna nueva. A ver si me da alguna pista. El preparado de restos de cerveza con lo que sea que había en la última botella está asqueroso. Mejor me tomo un paracetamol y pillo una yonkilata en el chino cuando salga. El móvil no me da muchas pistas.
«es una fase lunar que sucede cuando la Luna se encuentra situada exactamente entre la Tierra y el Sol, de manera que su hemisferio iluminado no puede ser visto desde la Tierra.»
«Luna nueva: qué es, cuándo ocurre y cómo afecta a la Tierra»
«Librería La Luna Nueva.»
«Lunación Luna Nueva»
«Te explicamos las fases lunares»
Vamos, nada interesante o que pueda desvelar el lugar donde debo llevar mi nota. sigo avanzando páginas sin mucha esperanza. Aquí no voy a encontrar nada. Miro resignado mi nota, ¡qué lástima!, para una vez que podía llevarme el trabajo de calle. Entonces lo veo, justo bajo el anuncio, “Bar Luna nueva, santa cruz del valle 19”, pues no era tan difícil.
Ahora sí, bajo, paso al chino, pillo una yonkilata de kimmicher, me la bebo, me sabe a poco, pillo otra y me llevo una más para el camino, esto está a tres manzanas y andar me da sed. Cuando llego al bar me he metido ya las tres latas y noto cierto soporcillo agradable. Entro y pregunto donde debo dejar la nota. La camarera tiene una pinta de cerda increíble, no por guarra sino por guarra. No he visto nunca tanta grasa en una camiseta como la que lleva esta mujer. Debe ser muda, solo gruñe y señala fuera. Salgo de nuevo y veo un pequeño buzón rosa donde pone «Deja aquí tu mensaje». Jo, esta gente piensa en todo, siempre van un paso por delante de mí. Doblo el papel un par de veces y lo meto. Me recuerda esa vez que fui a votar y vomité a la salida.
Han pasado dos días. Normalmente olvido las cosas a las pocas horas, pero con este trabajo me había ilusionado así que todavía tengo esperanzas de que me llame alguien. Suena el teléfono y escucho mi nombre.
-Si, soy yo.
-Ha sido usted seleccionado para una entrevista de trabajo. Se trata del anuncio buscando un espíritu disoluto.
-Pues le aseguro que no va a encontrar nadie más disoluto que yo.
-Eso tenemos entendido. Hemos investigado un poco. ¿Podría presentarse mañana en el bar donde dejó la nota?
-Si, por supuesto, si no es muy temprano.
-No se preocupe, conocemos los hábitos de las personas disolutas, ¿a medio día le parece bien?, ¿a eso de la una?
-Por supuesto, me pillarán recién levantado, pero pondré el despertador. Allí estaré.
He dormido un poco intranquilo, puse el despertador y la alarma del móvil a las doce, esto no es habitual en mí y me preocupa, pienso si seré lo suficientemente disoluto. ¿Una persona disoluta se preocuparía tanto por una oferta de trabajo? Supongo que si es un trabajo para disolutos preocuparse un poco es aceptable.
He dormido poco, dando muchas vueltas, con pesadillas y sudando como un pollo. Suena el despertador, me acosté vestido para no tener que preocuparme de qué ropa ponerme para la entrevista. Voy al baño, realizo mi habitual aseo gatuno, y me cubro de desodorante y colonia. La colonia la encontré en el piso cuando lo alquilé, Nenuco. Me recuerda mucho el olor del niño de los vecinos de tienda en el camping de Campello.
De camino al bar me consume la intriga. ¿En qué puede consistir el trabajo? Espero que de verdad se adapte al anuncio, algo que pueda hacer una persona tan absolutamente disoluta como yo. El bar está donde lo dejé; la camarera, con su camiseta repugnante me gruñe desde detrás de la barra señalando unas escaleras. Eso me confirma que es muda. Subo. Los escalones crujen bajo mi peso, no da mucha sensación de seguridad, parece que se va a venir abajo el bar. Seguro que es una prueba para ver mi templanza. Abro una puerta. La única que hay al final de la escalera. Dentro no hay nadie, pero han preparado un cáterin de puta madre. Rallas de preciosa nieve blanca, todo tipo de botellas de alcohol, cubos de cerveza fría, pero no kimmicher, cervezas buenas de marcas de verdad. Panecitos con cosas dentro, cosas pinchadas en palitos de colores, volovanes rellenos de algo rosa, Nuggets de pollo bien fritos y jugosos, no como los que tengo yo en el horno desde hace meses. No pregunto, me meto un par de rallas o tres antes de que llegue alguien y me abrazo a una botella de Ballantines que me estaba guiñando un ojo. No es fácil beber a morro con el tapón de anti relleno, así que cojo un vaso y me apalanco con mi tesoro en un sofá rojo que me acoge cómo a un hijo que se acaba de graduar de médico.
Despierto en un callejón entre cubos de basura. No me encuentro muy bien y no recuerdo nada. Me duele el costado terriblemente, puede que me haya caído o golpeado. Mi camiseta está llena de sangre y debajo noto vendajes húmedos y pringosos. Está claro que la sangre es mía. Me levanto. Me siento mareado. Seguro que me han drogado. En mi bolsillo hay un sobre con un montón de pasta, unas pastillas y una hoja con un contrato firmado por mí. El trabajo no está mal, es descansado y lo pagan bien, pero creo que he perdido un riñón. Mañana no vuelvo.

Sobre el autor
Ignacio Chavarria

Distinto, raro, en sintesis: ¡Fuera de serie!
Van mis felicitaciones, amigazo.
Shalom
Siempre raro e impredecible por naturaleza Beto. Un abrazo
Confieso que necesitaba saber cómo terminaba.
Espero que no te haya decepcionado.