Matriuskas

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—¿Es tu única hija? — me preguntó sin malicia. Decidí no responder, exactamente como aquella otra vez que leí en mi pantalla de ordenador:

—“¡Eh claro, tus ganas, eres impermeable! ¡No lo intento más! “—Y tampoco lo hice.

Impermeable,

Nadie de fuera me llega.

Hoy hubiera deseado ser impermeable, e insensible,

Y haberme hecho pequeñita y no estar.

Impermeable.

No, no necesito más. No lo quiero.

Hoy tuve suficiente con lo que me rozó por dentro.

Solo estamos él y yo, el resto sobra.

Ni fue ni será.

Hoy deseo ser aire y absorberme,

Tal vez pueda acunarlo.

Impermeable.

Yo que soy como el resto, pero ya lo sabía.

Eligió mi paseo preferido,

Y volcarme todo el cuerpo con un escalofrió.

Pude escuchar hasta el sonido de los plásticos al cubrirme.

¿hasta donde alcanza un deseo?

Llame a uno de vida y murió sin serlo,

Brazos sin cunas ni nanas.

Entonces me limito a asentar con la cabeza y sonreír, lo prefiero antes de elegirme en un acto de traición. En las fiestas infantiles, rodeada de madres con barrigas aun flácidas y tetas hinchadas, miré donde miré no le encuentro, «¿volverás?»  Le pregunto como si su presencia aun viviera y siguiera al completo:

—¡Empuja!, ¡empuja fuerte!¡Tienes que echarlo! ¡solo son restos! — gritaban cruzada de ganchos.

Me hubiera hecho pequeñita y no estar.

Combatiendo entre la sensatez y el deseo.

Sin el alivio de un cuerpo.

Me quedé con un signo de interrogación entre las piernas

Y un impermeable…

«¿y ahora qué? ¿volverás?» desesperada en su regreso.

Resto…

Resto…

Resto…

Entonces el oído se agudiza, es como una vieja vencida por el tiempo, sus ojos ni son capaces de abrirse los suficiente para mirar el horizonte; su pelo cano, su piel destruida, sus tetas destronadas. solo se escucha el sonido constante como el tic tac del reloj, del arrastre monótono de sus pies dentro de unas zapatillas cochambrosas. Así se acerca, y así te acompaña.

Resto…

Resto…

Resto…

Mis hijos siguen estando. Siempre.

Sin cuerpo, latido ni rostro. Siempre.

¡Mi sangre confirma vuestra existencia! ¡Hijos de sangre y dolor sin partos!

¡que injustos quienes hablan sin comprender que ya siempre seréis mis hijos!

¡Yo, vuestra madre, os reconozco! Ni siquiera necesito a nadie más.

Es un acuerdo secreto:

Nunca os besaré, jamás oleré vuestros cuerpecitos, no gritaré por vuestras travesuras, no envejeceré siendo testigo de vuestras vidas, pero

¡Yo, vuestra madre, hijos del deseo!, Mis niños de sangre, la que muestra el sendero entre mi mundo y el vuestro.

 Os acuno sin brazos, pero con todo lo que sois, os protejo.

Yo, soy vuestra madre, y ya nadie puede romperlo. ¡Qué callen todos!

Si vuestro mundo y el mío se cruzaran, dejadme oleros un segundo, uno solo. Avisadme que sois vosotros quienes jugáis con mi pelo.

Mama os ama, y si con el deseo lo hice, aun continúo haciéndolo.

Siempre.

Siempre.

Siempre.

No me olvidéis mis queridos hijos, siempre para vosotros. Sin restos.

Cubierta por miles de impermeables y guardando un millón de silencios.

Por qué ante nadie más respondo.

Solo

A mis hijos.

Autor: Diodama

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Diodama

2 comentarios en “Matriuskas”

  1. Uff, que intensidad y que tristeza Diodama. Al leerte me parecía estar viendo un escenario oscuro con una actriz mayor, alguna vieja gloria iluminada por un foco cenital vestida de negro, con una toquilla con la articula su dolor mientras declama a gritos y una platea llena de espectadores mudos con lágrimas en los ojos y el corazón roto.

  2. offuuu chiquillo!!! jajajaja… bueno, ,son cosas tristes que se cuentan, ya puedes tu imaginarlo como quieras, igual a modo de Yerma, pero si es intenso, por desgracia si lo es, los abortos siempre son tristes, y es el último tabu de las mujeres que hasta los no deseados se comentan entre nosotras susurrando como si hubieramos cometido un delito.
    Cuando vives y percibes y compartes esa realidad, entonces las mujeres viejas, te cogen aparte te hablan de hijos, para despues aclarar los vivos, porque a pesar de todos los años no olvidan los que no llegaron a ser. En un mundo donde se grita el derecho al aborto ( que yo no dire que no), se esta olvidando al grupo de mujeres que no lo desearon nunca. Este texto es nombre de ellas y mio, por pertenecerlo, aunque sean pocos quienes lo lean y sean aun menos a quien le pueda interesar. Se hablan muchas cosas duras en una sala de un hospital de ginecologia… se traduce en intentos, fracasos y sueños rotos… creo que es necesario superar los tabus.

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