Su alteza real El Sistema

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¿Os confieso un secreto personal? ¿Sí? De acuerdo, pues. Y no es que yo vea este secreto de interés para ustedes, pero para mí sí. Y lo es porque me da la nota justa y el tono necesario para entrar pletórico en este cante.

Ea, una vez puntualizado esto, ahí va mi secreto.

Resulta que yo nací altruista, confiado y romántico, y romántico, confiado y altruista me depositarán, una vez que palme, en un triste y umbrío agujero de la necrópolis de mi ciudad, Sevilla. De igual modo que fantasioso, iluso e ingenuo me devorarán los gusanos en un santiamén, porque ingenuo, iluso y fantasioso nací.

Pero a pesar de ser un romántico, y además empedernido, cero materialista, pensaba que en este mundo traidor seguía siendo el rey el dinero. Pero no. Estaba errado. Desde hace años, el dinero (que toquisqui lo odia, pero ningún quisqui puede vivir sin él), comparte liderazgo con el Sistema. Y el Sistema que aludo no es un Sistema cualquiera. Es un jodido y jodedor Sistema, al que se me antoja rebautizar, con más jabón que pompa, como: Su Alteza Real El Sistema.

Concrete usted más, por favor, ¿quién o qué es realmente ese regio Sistema?

Jajajaja. ¡Casi ná! Ese regio Sistema es un sencillo y a la vez un complicado sofware, que implacablemente nos somete a todo aquello que el humano no es capaz de decir a la cara. Es una marioneta, engreída y mimada en manos convenidas, que quita de golpe todos los golpes habidos y por haber. Es un entramado sutil, ideado y fabricado por el humano. para él a su vez actuar como aquél bíblico e ínclito “Lavamanos Poncio Pilatos”. Es un remedio socorrido, para hacer la faena de la suficiente, insolente, no comprometida e indolente burocracia oficial y… ¿por qué no decirlo?, la de toda la vida. Es un aguerrido Rambo, adiestrado y armado hasta los dientes, infranqueable e impenetrable. Es un producto ingenioso, genial y con ingenio, de las nuevas tecnologías de hoy en día. Es un disciplinado e incansable operario, mañana, tarde, noche y madrugada, las 24 y los 365. Es un virus intruso con luz verde permanente de un sobrio y depurado equipo informático. Es una epidemia, con visos de pandemia. Es un imperecedero Valium (relajante), para todos los jefes y los jefecillos de turno. Es un tunante Biopack (cloroformo) para dejar KO a todas las impulsivas reacciones de sus víctimas. Es un eficaz Astenolit (vitaminas) para todos los barandas que, dedo en vertical, ordenan y condenan. Es un martirio chino, más martirio que chino, contra la abandonada, impotente, sufrida, indefensa sociedad. Es, en definitiva, un dios menor poderoso, al que sólo El Dios Mayor Todopoderoso puede desposeerlo de sus aptitudes: antes, durante y después de sus perversas actitudes.

¿Y dónde trabaja ese regio Sistema?

Es notorio que curra en todos los quioscos que soliciten sus servicios, avalado su pícaro y cruel saber por multinacionales de todo tipo: entidades bancarias, organismos oficiales, hospitales, cadena de hoteles 5 estrellas, cadena de restaurantes 5 tenedores, joyerías de lujo, emporios de prendas de marca, fabricantes de coches y, en fin, en toda empresa o garito, o sociedades, anónimas o limitadas, que, por arte del “ya te pagaré, joé”; es decir, un truhán mindundi que nunca se rasca el bolsillo para pagar sus compras y posterior instalación. Por otro lado, una adquisición valiosa, y además de balde para toda esa plebe adinerada e influyente, por aquello de que ingresará en sus caja de caudales sabrosos dividendos, “y sólo por el eco difusor de tan grandiosa generosidad”.

¿Y qué efectos causa ese regio Sistema?

La tira, mire usted: expectación, pasmo, confusión, mareo, fatigas, cabreos, diarreas, berrinches, enfados, locura, peleas (con todiós, en especial con la parienta), dolores de coco, úlceras de estómago, ictus, parálisis, total o parcial, infartos del cerebro o de corazón, y hasta la palmaera, de todos aquellos que se manifiesten, en un principio pacientemente, en un intermedio, desubicados y majaretas y, finalmente, andando por las paredes.Y concluyo, ¿cuál es la misión de ese regio Sistema?

Si me lo permite, antes de responder a su última pregunta, quiero dejar claro un significativo matiz.

En el antaño, ibas o telefoneabas a cualquier tinglado de los citados, y eras atendido o recibido en persona por alguien de carne y huesos. ¿Ok? Pues a ese o esa alguien le exponías lo que querías resolver, y él o ella, bis a bis, te respondía en forma distendida y educada, con el sí o el no, pero, en todo, caso acompañado de un diálogo “razonador”, derivando en buen rollo, que tú, para tu interior rumiabas, y luego asentías. Y aunque no lograses tu petición, te quedaba el gusto de que tu tiempo y tu esfuerzo eran compensados con el tiempo y el esfuerzo de alguien de carne y huesos, más o menos entregado a complacerte. Pero en el hogaño, con el paso de los años y en el mejor de lo casos, hasta posible podría ser que alguien, también de carne y huesos, eche un vistazo a tu petición, pero después, con cara de ser más de lo que es, te diga algo realmente desolador:

Señor, no puedo concederle lo que me pide porque el Sistema no me lo permite

Y en el peor de los casos, que es lo viene pasando, con una indiferencia insultante, te remiten al Internet, cosa práctica, pero según para quién un galimatías. Y todo ello con suerte, porque si tu solicitud la haces por teléfono, aparece una voz grabada, normalmente de mujer, que a medida que la vas escuchando te vas quedando pasmado, a la vez que sientes que la expresión en tu rostro es la de un auténtico gilipollas:

Pulse

el 1 si es para llorar
el 2 si es para reír
el 3 si es para cagar
el 4 si es para mear
el 5 si es para besar
el 6 si es para ligar
el 7 si es para fornicar
el 8 si es para dormir
el 9 si es para comer
el 10 si es para beber
el 11 si es para cantar
el 12 si es para bailar
el 13 si quiere ser atendido por un agente “experto” (*)
el 14 si desea escuchar de nuevo este mensaje
el 15 si es para…


Y así hasta el 500 o más…

(*) El agente “experto” es un experto en liarte con experiencia.

¡Soooooo, para el carro! -exclamas, haciendo un gesto como de lanzar el teléfono a la quinta vagina.

Y, entonces, hasta los mismísimos de tantos mensajes y de tantas gilipolleces, pulsas convencido el 13 porque lo que realmente quieres es hablar a viva voz con alguien. Pero… ¡jaja poleá! ¡Lo tienes claro! Porque después de agotarse los tonos de llamada que la compañía de turno impone, vuelve de nuevo a tu oreja esa voz femenina anterior u otra, pero, sea la voz que sea, con un tono “angelical…”

Todos nuestros operadores están ocupados. Inténtelo de nuevo más tarde

Y si eres mínimamente paciente, te quedan ganas, dispones de tiempo libre y ya te has “cagao en to lo que se menea”, repites la jugada. Pero… el resultado es el mismito. Y de nuevo vuelve a tu cara la gilipollez en persona, que, sumada a tu cabreo descomunal, paga luego las consecuencias quien no debe pagarlas, que igual es el primero que te da los buenos días, o las buenas tardes, o las buenas noches, cordialmente.

Pero, claro, estas “cosillas”, como siempre le ocurre a la borreguería de a pie. Porque a los toros sentados (entiéndase gente con poder y pasta), le comen… “eso”. Sin olvidar la otra parte íntima: “las pelotas”, que a ambas cosas las miman más que una meretriz de alto standig, de mil pavos la hora.

Y así, invariablemente, funcionan las cosas en mi país. Y si algún justiciero quiere ajusticiar, que no lo intente porque lo desahucian de su casa, lo envían al INEM, lo echan a la puta calle, con sólo un cartón para taparse, pasando frío o calor, soledad, incomprensión, maltrato hambre, sed, cero higiene. Resumiendo, miles de calamidades y humillaciones. Y con suerte, y después de rellenar y presentar todos los papeles del mundo mundial, liantes y confusos, puedes obtener una paguita, que en la sabia jerga de calle la llaman: “coge esto y vete ya a tomar por…”.

Y a todo esto, faltaría más, florecen cuales estrellas del Olimpo, elegantemente equipados, desde sus lujosas mansiones (pagadas con nuestros impuestos), con una sonrisa de oreja a oreja y con una sorna hiriente, “los brillantes, honestos y honrados políticos”, pronunciando enfáticas palabras, sin escrúpulos y con un mirar perdonavidas:

Esta gente contestataria es nefasta y debe desaparecer del mapa porque ridiculiza a nuestro país.

Y colorín colorado, este coñazo “sistemático” se ha acabado.
Queden con Dios o con el Diablo, como prefieran.
¡Ah, cuidadín, cuidadín con Su Alteza Real El Sistema, jajajajaja!

Autor: Antonio Chávez López

Sobre el autor

Antonio Chávez

2 comentarios en “Su alteza real El Sistema”

  1. Hola, Antonio!
    Bueno, me ha encantado. Decirte que a mí se me solucionó más de la mitad de la vida cuando descubrí que cada vez que pensaba: “el mundo es una mierda!” me refería al sistema y no al mundo. Podríamos estar hablando muucho tiempo de esta matrix irreal por sí misma, mecánica y anti-humana, ¿verdad? Si desarticular la falacia es imposible, al menos verla ya es mucho.
    Un abrazo.

  2. Se me olvidó decirte que en todo esto escribir tiene una importancia radical (y leer…), al menos así lo siento. Es algo que mi padre me resalta y me recuerda cada vez que hablamos; soy alguien con suerte <3

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