21.30 Babosas en camino

Publicado el Por Diodama
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—Y dime, ¿por qué dejaste de creer en Dios? —le preguntó a través de la celosía del confesionario.

—Padre, por su inconsistencia, se marchó de pronto sin decir nada ni oponerse a mi voluntad. ¿Creé que algo tan volátil puede llevar a toda la Humanidad? Lo estrangulé poco a poco, preguntándome por que El Padre cuando se escapa su hija no mueve ni un solo dedo por su regreso.

Me quedé huérfana, en ese sentimiento de absoluta soledad, de saber que no hay ningún Cielo Protector que me amparé. La vida me enseñó la tragedia y la sinrazón de un Dios Padre que solo representa la autoridad y el orden, ante los ojos de una niña para comprender todo lo de fuera.

Pero soy mujer, capaz de cargar con su duelo, sabiendo también del sufrimiento que supone tal entierro, de la desesperación en este trascurrir de mierda que es a veces la existencia.

No somos muchos más que una babosa que viene a la llamada de una manzana dulce, creyente que el surco de plata de su baba es el único camino, y que el mundo solo es aquel por el que se arrastra. No llega a vislumbrar nada más. Así es el ser humano, ciego y cojo, asustado y esclavo de su propio saber.

Dios es la necesidad del huérfano del padre, en un intento frenético de no asumir la soledad de las babosas.

Autor: Diodama

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