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No hubo forma de comprender. Menos aún de ser comprendida. Asignatura pendiente para esta mujer. Lo peor no es el resultado en sí mismo, sino la pérdida en el trayecto. También estuvo la ganancia, aun con tristeza, siempre se puede reconocer un camino construido, aunque sea arrancando adoquines del suelo con tus propias manos. Al fin y al cabo, no deja de ser también un sendero, aunque sea uno roto que atraviesa el cuerpo y se camina con los pies.  

El final llegó. No hubo remedio. Lo trajo dibujado en una mirada que no hablaba de ternura. Solo de ganas de traspasar y dominar. Entonces, nada mereció la pena. Absolutamente nada. Se desparramó por el suelo y el aire compartió una distancia, un hueco insalvable. No soporté su enfado retenido, menos aún su miedo ante mí. Y con aquella mirada penetrante, me reconocí en el pensamiento de levantar un muro, tan alto y blanco, que dividiera dos mundos diferentes y separados. Ahora y ya por siempre. Fin.

Como la muerte que solo necesita un instante para hacer acto de aparición en un mundo de vivos, acabó. Ella misma existe por la vida, hace falta el otro mundo para preservar el suyo propio. En aquella habitación con el aire respirado de a dos, sonaron campanas de difuntos.  No hay lugar para los cobardes, menos aun para quienes se anuncian a medias, niegan verdades y quieren ostentar un poder sobre una base de barro y mierda. Tampoco había espacio para levantar momentos de complicidad y de entendimiento. Menos aún de acuerdos de certidumbres inciertas que hacen resurgir escenas fugaces de nuevas vidas, posibilidades y futuros construidos en compañía.

No, acabó antes de nacer, solo fue el germen que cayó a la tierra y que la luz del sol no alumbró. Otra vez.

Ahora, estoy de luto. Entre él y yo, la muerte se mató a sí misma, llegando la nada. Hubiera preferido el cuerpo inerte al que velar y unas telas oscuras que al menos me llenaran de sombras.

No hay muerte más cruel que la que nunca llegó a vivir. Ni siquiera tengo a qué llorar a pesar de cargar un corazón difunto. Fin para mí. Y Nada…

Autor: Diodama

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Diodama

Un comentario sobre “FinNada”

  1. Para mí está muy bien escrito.
    Ayer lo leí. Por circunstancias muy personales me sentí identificadísima a grado literal y no pude comentar nada.
    Hace tiempo yo me tuve que separar de una persona muy importante para mí. Fui a un psicólogo para manejar el duelo, y le dije que esa persona había muerto… No había muerto, pero yo lo sentía así y fui incapaz de decir otra cosa; me sentí fatal por eso, por no haber podido decirlo de otra manera; era como mentir y a la vez no. Fue todo muy interno y difícil. Nunca le conté a nadie hasta ahora.
    Gracias por compartirlo.

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